Siempre hay una primera vez, que reza el dicho, y pese a que el mundo virtual no acostumbra a regirse por las mismas reglas que el mundo en el que solemos desarrollar nuestra vida, lo cierto es que en él también se dan muchas primeras veces. Esta es la narración que viví en primera persona hace veinte años. Espero ser capaz de transmitir mis sensaciones y hacer que te transportes a aquella fría y lluviosa tarde-noche de diciembre.

La historia comienza hace dos décadas, yo me había pasado todo el verano trabajando de camarero para poder pagarme la carrera -era estudiante de la diplomatura de empresariales- y, según cobré, lo que tenía en mente era comprar una consola porque llevaba un tiempo alucinando en unos recreativos con el FIFA99 de PS1 en versión “juega por tiempo”. Así que una vez recibido mi primer sueldo, quemándome en la cartera, me decidí a acercarme al Bazar Canarias, una tienda de electrónica que había en mi ciudad natal. Por aquellos años no abundaban los centros comerciales.

A decir verdad no tenía nada claro qué consola iba a comprar. Había sido siempre bastante de Nintendo, así que la N64 rondaba por mi cabeza, aunque había podido jugar un par de veces en la PlayStation y también me atraía bastante. La comercial que me atendió supo asesorarme debidamente y por ello le estaré eternamente agradecido. No es que considere que hubiese sido un error comprar la N64, es más, de haberlo hecho probablemente también le estaría muy agradecido a la comercial que me atendió. Pero esa no es la historia que nos ocupa. Salí de la tienda con un FIFA 99 y un Fórmula 1 97 Platinum, el primer y último juego Platinum que he comprado. Fui corriendo a casa y conecté la consola con el cable RF a mi televisión de 14″. Era una vieja Ansola que mi hermano me había regalado y en la que tantas veces había visto Matrix para dormir. Sintonicé el televisor y me puse a jugar al FIFA, que en los anuncios venía anunciado con la canción Song 2 de Blur.

Pasaron los días y a estos se sucedieron las semanas, que dieron paso a los meses y un buen día de febrero me dispuse a ir al videoclub. Quería alquilar el juego de la UEFA Champions League que anunciaban por la televisión, para ver si era como el FIFA 99 que tantas horas de vicio nos estaba reportando a un amigo y a mí. Recuerdo que era de noche y que llovía copiosamente. Caminé alameda arriba hasta llegar al videoclub que se ubicaba en el local de una antigua tienda de venta de discos, Discos Drope, y comencé a otear las estanterías para buscar mi ansiado anhelo.

Cuando mi vista alcanzó la estantería de los juegos de fútbol la desolación se apropió de mí. Todas las unidades estaban alquiladas, ni siquiera se me había pasado por la cabeza la posibilidad de no dar con ese juego al que le tenía tantas ganas. Así que, tras unos segundos en los que no daba crédito y con una gran decepción, me dispuse a revisar si había algún otro juego que me llamara la atención. Nada, no encontraba ningún de fútbol o de baloncesto… y de repente reparo en un juego raro. Final Fantasy VIII, rezaba su portada. Simplemente mostraba un símbolo extraño en color medio rojizo medio anaranjado de lo que parecía un chico abrazando a una chica… Cojo el juego con una mano, me quedó contemplando la portada, le doy la vuelta, empiezo a ver las capturas de pantalla… y de repente un recuerdo inunda mi mente. Síii, este juego es aquel que anunciaban en la televisión, que parecía una aventura muy loca, uhhmmm… bueno, me lo llevo y si no me gusta lo devuelvo.

Llegué a casa bastante mojado, aunque conseguí que el juego llegase en perfectas condiciones. No tenía mucha esperanza de que fuera a ser una maravilla, por lo que no iba con especial ilusión ni con un ansia loca de ponerme a jugar. Tras quitarme los zapatos, lo conecté en la consola y desconociendo por completo la magia que iba a comenzar a continuación le di al botón de encendido de la PS1. Apareció el logo de SCEE con su musiquita dejando paso a un fundido en negro y después el logo de Square. Al desaparecer este, una melodía comenzó a sonar. Aparecían los créditos de los que habían participado en la creación del juego intercalados con algunas fotos, cuya calidad me estaba dejando con la boca abierta. Le daba a los botones intentando empezar a jugar, cuadrado, círculo, equis… pero no conseguía nada y la verdad que no me importaba porque estaba asistiendo a un espectáculo audiovisual que me estaba dejando de piedra.

Finalmente atiné a pulsar el Start y llegué al menú de inicio. Pulsé sobre “Nueva partida” y se oyó un sonido agudo. Y por si todo lo anterior no hubiese sido suficiente, al arrancar la presentación el corazón comenzó a latir con muchísima mayor intensidad. La música de la presentación me lanzaba hacia un vórtice mágico en el que el pulso se me aceleraba. A cada nueva imagen de esta intro -acompañada por nuevas notas de Nobuo Uematsu– iba hundiéndome más y más en una historia que desconocía por completo pero que quería jugar sin separarme de mi minúsculo televisor hasta concluir, durase el tiempo que fuera necesario. Cualquier cosa había pasado a un segundo plano. Quería saber más de cada personaje de esa intro, absorber toda su historia y seguir disfrutando al nivel que lo había hecho hasta ahora en estos últimos tres minutos.

Fue una experiencia similar a cuando ves a la persona que sabes que será tu pareja para siempre. Ese momento en el que se te acelera el pulso, tu mirada es atraída como el hierro a un imán, tu olfato se agudiza, tu memoria guarda cada milésima de segundo, cada uno de los vellos de tu cuerpo se eriza y tu tacto siente más allá de tu propio cuerpo. La boca se seca, el espacio tiempo se comprime y quedas atrapado dando vueltas junto a esa persona, con tu voluntad aniquilada, junto a esa historia que no quieres soltar ni por un minuto para no perder absolutamente ningún resquicio, ningún detalle. Quieres pasar todo el tiempo posible mirándola, escuchándola, oliéndola…

Así pasé yo los cinco días siguientes, empapándome de toda la historia de los personajes, viendo una y otra vez las invocaciones, disfrutando con ellas una y mil veces. Como cuando estás enamorado y quedarte mirando a esa persona puede completarte. Así fui extrayendo magias, extrayendo G.F., avanzando en la historia y descubriendo nuevos personajes. Quistis, Zell, Irvine, Selphie, Rinoa, Squall, Cid Kramer, Edea, Laguna, Kyros, Ward, Seifer, Trueno, Viento, Profesor Odine, Adel, Bigs, Wedge, Shu, Nida, Galbadia, Trabia, Balamb, Dollet, Esthar, la isla más cerca del paraíso, la isla más cerca del infierno, Timber, Winhill, Centra, El poblado Shumi, Fisherman’s Horizon, Ifrit, Shiva, Edén, Quetzal, Diablo, Sirena, Bahamut, Tomberi, Odín, Gilgamesh y un largo etcétera. Hasta que pasado un tiempo te das cuenta de que solo ha sido una presentación y que al terminar notas el pulso acelerado. Ves a Squall despertar en la enfermería del Jardín de Balamb mientras Eleone pasa por delante y se le quedaba mirando.

Yo, desconocedor absoluto de las dinámicas de un RPG, no sabía si iba a poder hacer algo algún día pero no tenía ningún problema, al contrario, estaba en un éxtasis comparable con los de Santa Teresa o con el mal de Sthendal. Entonces llegó el momento de tomar control, ponerle nombre al personaje y comenzar con la historia del que para mi siempre será el mejor Final Fantasy de la historia. El del juego que haciendo un símil podría ser llamado mi primer amor, el que supuso mi primera vez, con un JRPG.

Esta es la historia de cómo recuerdo que me marcó mi juego preferido de PS1. Quizá porque fue el primero de los juegos que hicieron que esta maravillosa consola llegase a donde llegó. El primero que yo probé, quiero decir, que por aquel entonces PS1 ya tenía un catálogo más que ilustre. Concluiré este relato no dejando escapar la oportunidad de resaltar otro dato superlativo que puede ayudar al lector a acercarse al sentir que experimenté: este juego lo alquilé durante cinco días, y al devolverlo la partida guardada tenía la friolera de 72 horas.

1+

1 COMENTARIO

  1. Qué gran historia, me siento muy identificado con ella.
    Siempre será el juego que me demostró que se pueden contar historias increíbles en un videojuego.
    Lo cuidados y bien integrados en la historia que están sus personajes en la historia te hace preocuparte por ellos.
    Para mí siempre será el mejor este Final Fantasy VIII.

    2+

DEJA UNA RESPUESTA

Comenta!
Introduce tu nombre