En 2012 el estudio indie Minority lanzó Papo & Yo, videojuego de plataformas y puzles que en su momento salió solo para PlayStation 3 como exclusivo. Hoy también podemos disfrutarlo en PC y embarcarnos en la aventura del joven Quico.

Una ambientación diferente

La acción tiene lugar en las favelas: nos encontramos con un ambiente luminoso, colorido, lugares llenos de barro y vegetación. Según avanzamos en el juego, el ambiente va modificándose para ser más acorde a los eventos que nos toca experimentar; la iluminación se va anaranjando y oscureciendo.

La banda sonora tiene un papel destacado en el juego, encajando perfectamente en cada parte de la historia. Con raíces latinoamericanas y matices llenos de magia, encontramos canciones relajantes y agradables, con ritmos más rápidos, más tristes… Es muy recomendable escucharla con calma.

Conocer las mecánicas

Es un juego con una curva de aprendizaje muy óptima, en el que casi siempre sabemos qué tenemos que hacer para terminar “la pantalla” en la que nos encontramos. Se sirve de mecánicas tipo puzle y plataformas para ir avanzando en el juego. Los puzles que debemos resolver son muy interesantes: hacemos uso de un pequeño robot, llamado Lula, que nos acompaña y ayuda, se usan portales mágicos para llegar a lugares inalcanzables pero sobre todo cambiamos “el mundo” en el que estamos, modificando estructuras y llevando al monstruo por donde necesitamos. Poder cambiar la estructuras de la ciudad y lugares que visitamos le da un toque mágico que me ganó totalmente.

La historia del joven Quico

La aventura de Quico es autobiográfica: Vander Caballero (director creativo y creador de Papo & Yo) quiso contar metafóricamente cómo fue su infancia. Es una historia difícil, contada sin añadir drama a una situación que ya de por sí tiene suficiente. Está narrada en capítulos cortos, casi sin hablar: todo lo que tenemos que hacer es observar. Recuerda inevitablemente a películas como Wall-E, que sin palabras es capaz de remover emociones y sentir que estás al lado del simpático robot. Y es así como el juego logra que empaticemos con Quico, un niño que no se merece lo que vive y que lucha por abstraerse de todo lo malo, además de intentar solucionar problemas que no están a su alcance y que pesan demasiado en su pequeña espalda.

Emociones a flor de piel

Durante el juego he sentido angustia, esperanza, tristeza y miedo. Curiosamente, aún con todas las emociones negativas que despierta, es divertido y entretenido, posiblemente porque logra equilibrar muy bien una historia triste con un juego al que apetece volver para pasarse otro nivel. El padre de Quico toma forma de monstruo para reflejar a un progenitor agresivo y alcohólico. Durante todo el juego, Quico intenta salvarle de sí mismo, haciendo un camino juntos hasta su objetivo; tiene momentos positivos pero también situaciones muy duras, mostrando esa ambivalencia típica de los adictos.

¿Y lo negativo?

Los gráficos no son lo mejor para la época, pero se entiende siendo un juego indie y lo cierto es que son bastante resultones. En ocasiones, el control del personaje es algo ortopédico lo que nos lleva a cometer errores involuntarios, sobre todo en los saltos lo que puede llegar a frustrar, a pesar de ser un juego que no se caracteriza por su dificultad.

Merece la pena saltar sobre lo negativo del juego para vivir esta experiencia de juego tan poco habitual por la historia que nos cuenta y los objetivos. También está esa ambientación tan diferente y las mecánicas de juego tan curiosas a las que tenemos que enfrentarnos.
  • 7/10
    Jugabilidad - 7/10
  • 6/10
    Gráficos - 6/10
  • 9/10
    Sonido - 9/10
  • 8/10
    Innovación - 8/10
  • 8/10
    Duración - 8/10
  • 7/10
    Historia - 7/10
7.5/10

Resumen

Papo & Yo nos cuenta una historia narrada de la manera más sencilla, pero que te hace sentir y mucho. Un juego de puzles y plataforma que merece la pena, pero en el que no vamos a encontrar grandes dificultades.

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