Finalmente, ya está aquí. Ya es el E3 2018 y ya estamos saltando de conferencia en conferencia. La emoción (o hype, como solemos llamarlo) está a flor de piel y muchísimos fans de todo el mundo están ya disfrutando de la magia de la feria, un importante evento anual que nos obliga a mantenernos despiertos durante horas intempestivas a pesar de que al día siguiente otras obligaciones pesarán sobre nosotros.

Sin embargo, no todo es tan bonito. Es algo que ya sabemos todos de manera directa o indirecta, pero nunca está de más recordarlo: el E3 no es un evento pensado para hacernos disfrutar. Ni siquiera es una aproximación al futuro de la industria del videojuego (ese era su propósito inicial). ¿Qué es, entonces?

El E3 Es una enorme y mastodóntica campaña de publicidad.

Una conferencia del E3 no es un show para que los fans se deleiten. Es un gigantesco bloque de anuncios que dura de una a tres horas (o incluso a veces más). Sin embargo, no os estoy contando nada que no sepáis, ¿verdad?

El objetivo de este artículo no es decir que el E3 es una idiotez y que lo mejor es ignorarlo. Para nada. Yo mismo tengo muchas ganas de vivirlo un año más. Escribo este artículo diciendo que hay, a veces, una mala interpretación de la función del E3 que lleva a que muchos usuarios se lleven una idea equivocada o que más tarde se lleven decepciones. Y parte de la culpa la tiene no solo el criterio de los fans, sino los propios periodistas del medio.

¿Por qué se dice que hay videojuegos que luego no son tan increíbles como se esperaba? Todos recordaréis muchos títulos que parecían lo mejor de lo mejor cuando se anunciaron pero que, cuando finalmente pudimos jugarlos, no nos parecieron para tanto. Esto es así porque tuvieron una campaña de publicidad impecable y después el videojuego fue incapaz de estar a la altura. No hay más.

Emocionarse por los anuncios no es malo. Solamente hay que recordar que el E3 es publicidad. ¿Y por qué los periodistas entran ahí? Porque ellos deben ser los encargados de trasladárselo a los usuarios para que lo tengan presente.

Muchos jugadores se emocionan ante un simple tráiler o nombre y ya creen que estamos hablando de uno de los mejores videojuegos de la historia. ¿Cómo podemos afirmar tan rotundamente algo como eso ante un vídeo así? Esto es del E3 2017:

Vale, vuelve Metroid. Genial. Sin embargo, ¿qué nos cuenta esto? NADA.

Esto es una publicidad muy burda que nos anima a comprar Nintendo Switch. Nada más. Algunos ya lo sabéis de sobra, pero es un ejemplo ideal y fácil de entender para ilustrar lo que estoy diciendo. Muchos usuarios ya han comprado la consola principalmente por este juego, a pesar de que ni siquiera lo hemos visto en movimiento. Por ver, ni siquiera hemos podido apreciar un tráiler cinemático. Bravo.

Sí, ya sé lo que estáis pensando. Es Metroid Prime. Hablamos de una de las mejores sagas de videojuegos de Nintendo, que por extensión se convierte en una de las de mayor calidad de la industria.

Pues bien, aprovecho para recordaros que antes de la salida del notable Metroid: Samus Returns, el último videojuego de la franquicia fue Metroid: Other M, un título olvidable y muy por debajo de los estándares de calidad de la franquicia.

“Pero esto es diferente, los Metroid Prime son todos increíbles”. ¿Ah, sí? ¿Y eso es prueba suficiente para saber que será bueno? Hay que recordar que la subsaga Prime ha cambiado de desarrolladora. Nada de Retro Studios: un estudio interno de Bandai Namco, según las últimas informaciones que hemos conocido, es el encargado de este desarrollo. Por eso, hay que mantenerse cautos y como mínimo esperar hasta poder verlo en movimiento.

Este es un ejemplo más entre montones. Sin embargo, los usuarios son fans: los fans es normal que se emocionen… ¿no?

En muchas empresas existe la idea de convertir a sus clientes en fans. Las compañías de videojuegos se esfuerzan mucho en conseguir este objetivo. Lo mismo ocurre con Apple, Disney y otras multinacionales dedicadas a la producción cultural. Hasta los youtubers (consciente o inconscientemente) han copiado este modelo, ya que como sistema de fidelización es magnífico. A pesar de que realmente somos clientes y como tales no somos diferentes de cualquier otro consumidor (tu dinero vale igual que el de aquel conocido tuyo que solo juega a FIFA o de vez en cuando a Call of Duty), muchos jugadores de videojuegos cumplen lo buscado por las empresas que se centran en la obtención de fans:

Se emocionan por todos sus anuncios. Perdonan todos sus errores. Compran con ilusión todos sus productos e incluso serían capaces de donar dinero a su empresa favorita a pesar de que gana millones. Incluso, le hacen publicidad gratis entre sus conocidos (y desconocidos, que para eso está Internet). Y no olvidemos esto: si criticas algo de su empresa fetiche, no solo te va a criticar, sino que puede enfadarse e insultarte.

Ridículo, ¿verdad? Pues esta es la forma de comportarse de un fanboy. ¿Os imagináis un caso así, por ejemplo, con una compañía telefónica? ¿Con un servicio de fontanería? ¿Y qué tal con una ferretería? No tiene ningún sentido. Las empresas de videojuegos son eso: empresas. Por lo tanto, su objetivo es ganar dinero. Todo el hype, la emoción y ese fanservice en el que se ha convertido el E3 es publicidad.

Pero insisto. Todo esto no es malo. El inconveniente es la falta de visión crítica. Y de nuevo, ahí entran los periodistas.

Los periodistas especializados en videojuegos forman parte de esta problemática. Cuando muchos de los profesionales de la información del sector no tienen ese punto de vista crítico, son incapaces de hacer bien su trabajo.

Si los periodistas aplauden como focas cuando ven anunciado su juego favorito en una conferencia del E3 o gritan como fans de Justin Bieber… ¿qué clase de visión crítica e imparcial nos van a dar?

Imaginad una rueda de prensa de cualquier político. No importa su partido o ideología. Simplemente, imaginaos esta situación: el sujeto en cuestión da una noticia de importancia global para el país o su partido. Y entonces, ocurre lo siguiente: los periodistas se levantan y empiezan a aplaudir. Le vitorean y se emocionan.

Efectivamente: es una aberración. El periodista tiene que mantenerse siempre al margen, al menos en su trabajo.

Y sí, vale: el periodista de videojuegos es algo distinto. Ha de ser una persona que ame los videojuegos lo suficiente como para querer trabajar hablando de ellos. Tiene que emanar de los fans, al igual que el periodista generalista emana de la ciudadanía. Es imprescindible.

Pero a la hora de la verdad debe ser lo que toca: un profesional. Un periodista. Su corazón de fan debe quedarse escondido cuando toca, porque ese es su trabajo. Él debe ser el que le diga a los usuarios que ese anuncio no huele bien. Él tiene que ser el que sepa analizar y enjuiciar lo mostrado y jugado, ya que esa es su función. No es “un amiguete que ha ido al E3”, sino un experto que tiene que dar una opinión de profesional.

Cuando en un E3 los periodistas no se levanten para aplaudir, gritar o emocionarse, se habrá dado un paso más en relación a la profesionalización del periodismo de videojuegos. ¿Simplificación? Sí. Pero aunque todos los periodistas de nuestro medio sean fans, deben saber esconder esa parte de ellos cuando hacen su trabajo. Es lo mínimo que se les ha de exigir.

Una vez dicho esto, os deseo un buen E3 2018 a todos y que lo disfrutéis, aunque sea teniendo todo esto presente.

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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Ramón Oliver hace 2 meses, 1 semana.

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