Sí, con el título ya doy por hecho que a los usuarios hardcore no les gusta jugar en los smartphones, o al menos a un gran porcentaje de ellos. Tendréis que perdonarme esta generalización porque no tengo pruebas firmes que atestigüen esto que afirmo con tanta rotundidad, pero sí que me he encontrado con numerosos casos individuales de desconfianza al mercado de los videojuegos en los móviles, y también he leído enormes decepciones y enfados monumentales en todo tipo de foros especializados. Por lo tanto, me lanzaré a la piscina y haré esta afirmación que podéis intentar rebatirme: a los jugadores tradicionales, por norma general, no les gustan los móviles como plataforma.

Muchos usuarios, por esa razón, no comprenden por qué tantas compañías están apostando por un mercado en el que ellos no quieren estar. No entienden por qué Nintendo, la eterna first party, está desarrollando títulos para móviles como una empresa tercera más (y eso que algunos son de mucha calidad, como Fire Emblem Heroes). No entienden por qué Sega o Square-Enix están apostando con fuerza por ellos, o incluso por qué Konami se está desligando de su sector tradicional, las consolas, para volcarse con los smartphones (o las máquinas de pachinko, ya que estamos).

Si leéis cualquier noticia relacionada de cualquier web de videojuegos, veréis las reacciones negativas de cientos de usuarios en los comentarios. Cuando la propia Konami decidió apostar por los smartphones, en dichas noticias las críticas se agolpaban. “Hasta siempre, Konami”. “Si esto se expande cada vez más, yo me bajo del tren…”. “Vaya mierda, vaya mierda”. “Idos a tomar por culo. Cuando la burbuja de los móviles reviente, como pasó con los juegos de Facebook, me reiré en sus caras.” “Adiós Konami, pero adiós para siempre”. Solo estoy reproduciendo algunos comentarios reales que he leído en varias páginas. Los demás son gifs animados o vídeos “anunciando el fin” o ironías acerca del futuro de la compañía. Y si seguimos buceando en las demás páginas de comentarios de otras webs especializadas, nos encontramos más o menos lo mismo.

Esto no ocurre con otras plataformas. Las consolas y el PC tienen sus fans y detractores a partes iguales. Cuando surgen debates, de hecho, se llenan de fanboys, haters y se montan las habituales guerras que ya son tradición en el mundillo desde los años noventa. Pero cuando sale el móvil, parece que todos olvidan sus diferencias: el fanboy de Nintendo lo ataca cogido de la mano del de PlayStation, y el de PC se une después agarrado del de Xbox. ¿Por qué ocurre esto? ¿Dónde están los defensores de los smartphones?

Bueno, vale: el público de los móviles no está en las webs especializadas porque la mayor parte de los juegos que se lanzan para esa plataforma son casuales. Y sí, esa es una razón por la que los jugadores tradicionales rechazan a los smartphones como plataforma, pero no la única. Las motivaciones son muchas y variadas, pero no se resumen en la abundancia de títulos casuales, de esos de jugar cinco minutos en la consulta del dentista o en el autobús. Hay otras razones de peso que alejan al usuario hardcore del mercado móvil:

Los controles táctiles. Poco precisos y de complejidad muy reducida. Queda claro desde un primer momento que un teléfono inteligente no es una plataforma pensada para jugar, sino para… llamar, enviar mensajes y navegar por Internet. Utilizar únicamente la pantalla para controlar el título lleva a que una experiencia profunda sea difícil. Si el juego necesita cierta complejidad, hacerlo en móvil será imposible o incómodo.

Esos botones invisibles que se ven en los títulos ambiciosos y/o porteados de consolas o en los emuladores son la prueba de que hacen falta para esas experiencias. Además, al jugar con un mando o teclado, sabemos qué estamos pulsando y si lo estamos haciendo o no. En la pantalla táctil el tacto es siempre el mismo, por lo que la única forma de saber qué estamos haciendo es mirarlo directamente.

Es cierto que en determinados títulos podemos utilizar un mando, pero eso requiere usar un hardware aparte y la mayor parte de los juegos de móviles más populares no les dan soporte o no están diseñados para funcionar con ellos.

Las microtransacciones, la publicidad y el free-to-play. Son sistemas de financiación que no convencen a muchos públicos y que comenzaron generando críticas ya desde su nacimiento en los MMO de PC. La empresa acostumbra a regalar de forma gratuita el programa, y si el usuario quiere acceder a un contenido mayor, terminar el juego o simplemente obtener power-ups para hacerlo más fácil, tendrá que pasar por caja. Es uno de los secretos del éxito de títulos como Candy Crush o Clash Royale, que han obtenido millones de dólares en ingresos gracias a las microtransacciones.

De hecho, este modelo provoca adicción en algunos usuarios porque algunas empresas han llegado a desarrollar métodos parecidos a las tragaperras para sajar millones de dólares a los jugadores, sobre todo si tenemos en cuenta a Candy Crush, uno de los videojuegos más rentables de la historia.

La publicidad es aceptable para algunos públicos, pero algunos no toleran que una imagen a pantalla completa les interrumpa en mitad de una partida o que un banner aparezca de forma constante impidiendo parcialmente la visión.

Poca duración y profundidad, o de estilo repetitivo. En los móviles no triunfa la experiencia o el contenido del mensaje. El juego exitoso no es aquel que implique al jugador, que le rete o que le ofrezca algo más que un mero entretenimiento. Los smartphones se han convertido, en cierto modo (con sus honrosas excepciones) en el campo de lo banal, de la chorrada, el fast food de los videojuegos. Si con la explosión de Internet han comenzado a triunfar los vídeos de gatitos por encima de la dimisión de un político o un atentado terrorista (no me lo invento, buscad en los diarios generalistas cuáles son las noticias que más se leen), con la llegada de los móviles se han empezado a popularizar más los juegos programados en poco tiempo como Flappy Bird que los títulos profundos y que han requerido un esfuerzo y/o un presupuesto.

Es el predominio de lo puramente posmoderno: ahí vence lo meramente superficial y se coloca en cabeza sobre todo lo demás. ¿Eso es algo malo? No, no lo es, pero es otra razón por la que los jugadores tradicionales no encuentran ahí su sitio: ellos buscan experiencias profundas que en los móviles no abundan.

Escasos controles de calidad. Siendo claros: casi cualquier basura puede publicarse en Google Play o Apple Store. No existe un filtro (sobre todo en la plataforma de Android) y poner un juego en esa plataforma es muy barato, por lo que a las compañías no les importa subir un título de una calidad cuestionable porque las pérdidas serán mínimas o incluso inexistentes. Aunque haya juegos de mucha calidad en el mercado móvil, lo cierto es que la mayor parte de su catálogo está lleno de morralla; títulos hechos sin cariño, sin esfuerzo y con un objetivo únicamente lucrativo. No se busca ganar dinero con un trabajo bien hecho, sino ganarlo… y punto. Eso lleva a que en la oferta de estas tiendas también haya numerosos plagios de juegos clásicos, sobre todo de los que no están en la plataforma y que han sido un éxito fuera de ella. El propio Flappy Bird copia los sprites de las tuberías de Mario:

Pero hay desarrolladoras que han llevado esto más lejos. Éxitos como Lep’s World o Super Mary Adventure plagian descaradamente la jugabilidad y el estilo visual de los juegos del fontanero de Nintendo.

Ejemplos hay muchos más, y no solo de Mario, sino de Tetris, Sonic, Zelda…

La calidad general de las tiendas es baja, y no solo en lo gráfico, sino en lo jugable.

Software espía. Aunque esto le da igual a un porcentaje muy elevado de la población, lo cierto es que muchos de estos juegos obtienen una importante fuente de ingresos vendiendo la información del usuario a otras empresas con objetivos publicitarios. Sí, ¿acaso no te extrañaba que Fruit Ninja te pidiese el acceso a tu identidad, localización, fotos, lista de contactos, tu conexión Wi-Fi o los datos de tus llamadas? No es un simple capricho, sino una forma de vender la información y la privacidad del usuario. Y eso a muchos les echa para atrás.

Duración de la batería. El usuario hardcore acostumbra a dedicar muchas horas a jugar, mientras que el casual no suele invertir más de unos minutos al día. Ejecutar videojuegos en el móvil consume la batería a una velocidad alarmante, y por norma general renunciar a la posibilidad de llamar hasta recargar la batería para estar jugando es una opción que muchos prefieren descartar y encender su consola portátil.

Además, las máquinas de juegos portátiles poseen títulos más complejos y profundos y están plenamente optimizadas para correr videojuegos, por lo que no solo son una opción preferible para el gamer por su software, sino por la presencia de botones y una mayor duración de la batería. Por lo tanto, si uno va a pasar mucho tiempo jugando fuera de casa, quizá una Nintendo 3DS, una Nintendo Switch o incluso una PlayStation Vita sea una mejor opción que el teléfono móvil.

Aún así, no hemos de olvidar que la industria móvil está avanzando cada vez más y poco a poco posee juegos cada vez más complejos y de una mayor calidad. ¿Llegarán al punto de poder estar a la par de los títulos de consolas o PC?

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Inicio Foros Opinión — ¿Por qué los smartphones no interesan tanto a los jugadores tradicionales?

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Ramón Oliver hace 3 meses, 1 semana.

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