Una de las primeras sorpresas de 2018. Celeste es más que un indie de plataformas: su inteligente diseño de niveles y potente uso de la narrativa hacen que brille con fuerza entre la masa de videojuegos independientes. La aventura de Madeline dejará huella no solo por unas fases que poco o nada tienen que envidiar a los grandes del género, sino por una historia y un mensaje metafórico que sentiremos en nuestras carnes gracias al buen trabajo de Matt Makes Games. 

La historia de los títulos de plataformas en 2D es larga, tanto como prácticamente la de los videojuegos en sí mismos. En este género hemos visto prácticamente de todo, sobre todo durante los años 90, su edad dorada, momento en el que vivimos aventuras inolvidables gracias a obras tan legendarias como Super Mario World (1990), Sonic the Hedgehog (1991) o Donkey Kong Country (1994), que marcaron una hoja de ruta que muchos se esforzaron en imitar y pocos lograron.

Por esa razón, hacer cosas nuevas y diferentes en un mundo como este no solo es difícil, sino que algunos consideran que ya es imposible. Con la llegada de Internet, los títulos de plataformas en 2D recibieron un pequeño impulso independiente que fue adorado por un nicho y que sirvió para hacer algunos de los primeros gameplays en YouTube durante la segunda mitad de la década de los 2000. Los juegos que triunfaron no fueron aquellos que buscaban una experiencia profunda, sino los que frustraban al jugador con una dificultad altísima.

Obras gratuitas y en formato flash o fáciles de instalar en cualquier sistema como Unfair Platformer (2008), Punishment (2007), Syobon Action (2007), Unfair Mario (2011) o Kaizo Mario World (2007) se volvieron muy populares. Sin embargo, hubo un juego que destacó entre todos ellos no solo por su endiablada dificultad, sino por su calidad y duración superiores: I Wanna Be The Guy (2007). Ese fue el título que influyó en obras tan populares como Super Meat Boy (2010) y un sinfín de juegos independientes que pueden encontrarse en Steam.

Y ahora, en 2018, más de diez años después de I Wanna Be The Guy, llega el siguiente paso de este largo camino: Celeste.

Un desafío estúpido e imposible

Celeste nos pone en la piel de una joven llamada Madeline. Una pobre chica normal que, sin saber cómo ni por qué, se ha propuesto una misión que a todas luces parece irrealizable y absurda: escalar una de las montañas más peligrosas del mundo. El Monte Celeste es famoso no solo por la gran cantidad de escaladores de alto nivel que han perecido intentando alcanzar su cumbre, sino por una leyenda urbana que asegura que la montaña es capaz de mostrarnos el interior de nosotros mismos.

Durante la aventura de Madeline conoceremos a unos pocos personajes que recordaremos con fuerza y que aportarán su granito de arena a la misión de nuestra protagonista. La ayudarán a superar sus propios límites y a dar lo mejor de sí misma, pero siempre con una cosa clara: la que debe conseguirlo es ella y solo ella gracias a su esfuerzo.

La trama de Celeste es aparentemente sencilla, dándonos la impresión al principio del juego de que estamos ante “uno de esos juegos ‘como los de antes'”, elemento tan manido que casi ha perdido su significado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: su historia esconde un mensaje muy potente que no solo la hace increíblemente interesante, sino que afecta a millones de personas en todo el planeta. Está tratada tan bien que la sentiremos y comprenderemos a la perfección.

Los diálogos son muy interesantes y nos ayudarán a entender el mensaje del juego, que no se encuentra oculto, sino directamente plasmado a modo de metáfora: está hecho no solo para que todos los jugadores lo comprendamos, sino para que empaticemos con Madeline y la entendamos a ella como persona.

Una misión loca… ¿y realizable?

¿Que por qué hablábamos de I Wanna Be The Guy al inicio del análisis? Pues… porque la dificultad es necesaria para el desarrollo natural de la trama de Celeste. Tal cual. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con el plataformas de Kayin, la completa totalidad del recorrido de Celeste es justo. Si fallamos será única y exclusivamente por nuestra culpa, por no haber sido lo suficientemente hábiles, o, por la razón más importante: por no haber estudiado y entendido de manera adecuada el nivel.

Madeline tiene como objetivo superar un reto que se supone imposible para ella, por lo que tendrá que sudar y esforzarse por encima de sus límites para escalar la montaña. De esta forma, llegará un punto en el que la línea entre nosotros, los jugadores, y Madeline, se vuelva difusa: seremos nosotros los que diremos “no” al hecho de rendirnos. No querremos dejar que la montaña nos domine a nosotros y querremos conseguir lo contrario.

El juego posee un diseño de niveles muy equilibrado, con una variedad y trabajo detrás digno de las obras más pulidas y cuidadas del género, incluyendo a clásicos como el intocable Super Mario World. Eso hará que frustrarnos sea complicado, ya que el juego pretende lo contrario: animarnos y hacer que nos sintamos orgullosos de nuestro contador de muertes, ya que él es la prueba de que estamos aprendiendo.

Los desarrolladores de Matt Makes Games insisten en que la dificultad es un elemento imprescindible para asegurar una experiencia de juego satisfactoria. Sin embargo, son conscientes de que no todos tienen habilidad en este tipo de títulos, por lo que podemos bajar la dificultad de Celeste a placer e incluso hacernos completamente invencibles. De esta forma, todos los jugadores podrán ver el final del juego y disfrutar de su historia y mensaje.

Ascenso hasta la cumbre sin todo el equipamiento

Celeste es una obra de arte en lo jugable, como ya habréis dilucidado leyendo los párrafos anteriores. Además, su trama es fantástica, sobre todo para un título del género: tiene un mensaje que contar y lo plasma de manera muy eficaz. Sin embargo, le han faltado algunos detalles para convertirse en uno de los mejores plataformas de la historia, a pesar de que será complicado de olvidar.

Gráficamente hablando tiene un problema importante: le falta personalidad, aunque cumpla y no se vea feo. De un vistazo no parece distinto a esos cientos (más bien dicho, miles) de indies de estilo píxel art que podemos encontrar en Steam. Y eso es una lástima, porque las ilustraciones de final de nivel y algunos aspectos visuales del juego son realmente preciosos. Al menos la variedad de niveles es muy notable.

Por otra parte, la banda sonora es buena y posee piezas magníficas, pero hay canciones claramente superiores a otras. La música está bien escogida y funciona, pero le faltan melodías memorables y se habrían agradecido más piezas y con mayor variedad. Los diálogos, por otra parte, se desarrollan con clásicos “bep, bep, bep…” y no tenemos nada parecido a voces.

La duración del juego también es relativamente baja, sobre todo si tenemos más experiencia en este tipo de obras. Es perfectamente posible que veamos el final de la historia en alrededor de 5 horas, por lo que uno o dos “bloques de nivel” más se habrían agradecido, no solo por la cuestión jugable, sino porque la historia habría podido tener un desarrollo incluso mejor. Por suerte, el problema está atenuado porque disponemos de las caras B y C del juego, que ofrecen versiones mucho más difíciles de los niveles normales y están pensadas expresamente para esos jugadores que buscan un verdadero desafío. Lo mismo ocurre con la obtención (completamente opcional) de fresones escondidos a lo largo y ancho de los mapeados. Terminar Celeste al 100% puede llevarnos entre 15 y 20 horas perfectamente (o toda la vida, eso depende de cada uno…) y lo cierto es que el juego es lo suficientemente divertido como para que valga la pena hacerlo.

Aún con todo, esos pequeños detalles no empañan la experiencia que da uno de los mejores títulos de plataformas de los últimos años. El problema es que hacen que no pueda alcanzar ese estatus de obra maestra que ha estado muy, muy cerca de alcanzar. El primer imprescindible de 2018.

La versión analizada es la de Nintendo Switch.

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