El lanzamiento de Super Mario Odyssey parece haber opacado por completo a otros títulos de Nintendo Switch. Con las Navidades a la vuelta de la esquina, es justo repasar los videojuegos más importantes de la plataforma. En Bitjuegos hemos querido traeros un análisis de The Legend of Zelda: Breath of the Wild antes de que acabe este inolvidable 2017, ya que esta obra lo merece. El último videojuego de la saga Zelda podría perfectamente ser el punto y final a la leyenda de la serie. Breath of the Wild pasará a la historia.

Nintendo ha hecho lo impensable para darle un giro de tuerca a una de sus sagas sagradas. Breath of the Wild alcanza y supera la innovación que necesitaba Zelda con un videojuego que da una libertad pocas veces alcanzada por otros títulos, en contraposición al último juego en 3D de la serie, el ya a estas alturas quizá olvidable The Legend of Zelda: Skyward Sword (2011) para Wii.

Y es que The Legend of Zelda: Breath of the Wild es el nombre que paradójicamente enterrará a su predecesor, ya que es lo contrario a él en todos los sentidos. Mientras que Skyward Sword se centraba en ofrecer una experiencia muy lineal con un mundo pequeño y cerrado, Breath of the Wild busca traernos un juego en el que podemos hacer lo que queramos, cómo queramos y en el orden en el que queramos. Ese era el objetivo que Eiji Aonuma, el máximo responsable de la saga Zelda en la actualidad, buscaba alcanzar, y lo cierto es que ha superado todas las expectativas.

La idea de un Zelda no lineal ha obsesionado a Aonuma desde el lanzamiento de ese cerrado y casi guiado Skyward Sword. Ese concepto ya pudimos apreciarlo en The Legend of Zelda: A Link Between Worlds (2013), título en el que podíamos superar las mazmorras en el orden deseado e ir obteniendo los objetos que nos llamaban más la atención en primer lugar. Breath of the Wild no solo va más allá del ya clásico de Nintendo 3DS, sino que rompe todas las convenciones que podáis imaginar de la saga Zelda y trae un juego que tiene toda la esencia de la serie a pesar de que sintamos que estamos jugando a otra cosa.

La decisión de que Link pueda escalar cualquier superficie es una idea muy valiente y en la que se centra la exploración del juego: no hay barreras ni limitaciones. Y esa sensación de libertad nos acompañará durante toda nuestra aventura por Hyrule.

Sabes que eres Link y se acabó

Sí, justo como leéis. El videojuego comienza con Link despertando en lo que parece un extraño santuario. El usuario no tardará mucho en salir fuera y descubrir un mundo enorme por explorar. Lo gracioso es que la primera zona a la que tenemos acceso, que una vez acabado el juego nos parecerá pequeña, tiene un tamaño similar al mapeado completo de The Legend of Zelda: Twilight Princess.

En poco tiempo descubriremos que Link ha perdido la memoria, por lo que estaremos tan perdidos como él en un mundo que nos sonará pero que desconocemos. La única pista que tendremos relacionada con su pasado es que ocurrió un cataclismo en Hyrule causado por Ganon hace 100 años. A partir de ese momento, la libertad es absoluta. Podemos ir con lo puesto a enfrentarnos al jefe final (aunque las garantías de éxito sean escasas) o aprovechar el tiempo que tenemos para recuperar la fuerza de Link, su memoria y la espada destructora del mal: la legendaria Espada Maestra.

Como ocurría con los títulos de antes u obras como Dark Souls, el videojuego nos deja tirados en mitad de la nada con muy poca información y nos invita a aprender y descubrir la cosas por nosotros mismos. Esa primera zona hace de tutorial: nos ayuda a comprender cómo funcionan las armas y el sistema de escalado, cómo recuperar nuestra salud cocinando y a temer y respetar a los peligrosos Guardianes.

La historia del videojuego se proyecta en el pasado, recordando el cataclismo que ocurrió hace 100 años. Para saber qué pasó con Link, tendremos que conocer a la princesa Zelda, que lleva aguantando un siglo entero en el Castillo de Hyrule para contener a Ganon. Para ello habrá que recuperar los recuerdos de nuestro héroe, que están fragmentados y podremos visualizar visitando lugares que en el pasado exploró Link en compañía de la princesa. La historia es muy interesante, y nos sorprenderemos a nosotros mismos intentando cartografiar el terreno y observando puntos de referencia para poder hallar los lugares correctos y conocer todo lo que ocurrió antes del cataclismo.

De hecho, Zelda: Breath of the Wild le sabe dar un gran sentido a la exploración. A diferencia de lo que pasa con otros videojuegos de mundo abierto, querremos conocer “qué es esa cosa tan curiosa que se ve a lo lejos” y nos encontraremos con sorpresas cada vez que nos lancemos a explorar el extenso mapeado que, por increíble que parezca, tiene un tamaño mucho mayor que el de juegos como Skyrim. Todo ello se traduce en que 140 ciudades del Vaticano caben en Breath of the Wild, y encima el mundo está lleno de cosas: vale la pena explorar cada centímetro de él. Objetos, recompensas, enemigos, secretos, poblados…

Y bueno, ¿qué pasa con las mazmorras? ¿Es que no hay? Pues…

La invasión de los santuarios

Esa es otra razón para explorar: buscar santuarios repartidos por todo el mapeado. ¿Que para qué? Pues la respuesta es sencilla: es la única forma de aumentar nuestros corazones de salud y vigor gracias a unos símbolos de valía que podremos canjear.

Cada santuario hace de pequeña mazmorra. Hay más de un centenar y cada uno esconde un enigma o puzle distinto. Algunos están muy bien escondidos, por lo que hallarlos todos y cada uno de ellos puede llevar muchísimo tiempo.

Elegir los santuarios en contraposición a las clásicas mazmorras gigantescas es un importante soplo de aire fresco y una decisión muy acertada teniendo en cuenta el carácter de The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Son retos rápidos, sencillos y que podremos superar en poco tiempo.

La cantidad de mecánicas rompedoras para la saga es incontable. Aparte de la posibilidad de escalar casi cualquier superficie y la estructura de mazmorras basada en santuarios, para recuperar nuestros puntos vitales tendremos que conseguir ingredientes para cocinar. Ahí entran nuestras habilidades para cazar y recolectar, ya que la fauna y flora de Hyrule es muy variada.

A todo ello le sumamos que hay zonas que necesitan equipamiento especial y que las armas se rompen con el uso. Sí: podremos usar lanzas, hachas, arcos, armaduras, escudos y todo tipo de equipamiento medieval y de fantasía que tendremos que comprar, robar a nuestros enemigos o hallar en cofres repartidos por todo el mapeado.

Esta estructura de juego, sumada a una dificultad mucho mayor de lo habitual en la saga Zelda, nos obliga a planificar nuestros recursos y prepararnos para las batallas complicadas. La primera vez que podamos derrotar a enemigos como los Guardianes nos sentiremos poderosos y tendremos la sensación de que hemos mejorado y progresado. El juego obliga al usuario a aprender y seguir dando pasos hacia el frente por nosotros mismos para superar sus retos: en ningún momento nos regala nada.

Perderse por Hyrule no tiene precio

The Legend of Zelda: Breath of the Wild es un videojuego muy innovador que no olvida sus raíces: a los elementos de supervivencia, gestión de recursos y libertad se le suman los aspectos clásicos de la serie. Por ello, estamos hablando de un Zelda que no parece un Zelda, como ya hemos comentado antes.

Explorar montañas, desiertos, navegar, montar a caballo… casi cualquier posibilidad está presente. Llegará el punto en que las horas se nos pasarán sin que nos demos cuenta, ya que Breath of the Wild es un juego muy absorbente. Es muy fácil dejarse atrapar por su mundo y dejarse llevar por él. ¿Y esas montañas que se ven al horizonte? Siempre son alcanzables, por increíble que parezca.

También cabe destacar importantes elementos de realismo con los que cuenta el título, que permiten que superemos los puzles experimentando con sus sistemas y de maneras muy diversas. La única limitación en ese sentido es nuestro ingenio.

Sin embargo, a pesar de que el videojuego está tremendamente cuidado, trabajado y es divertido hasta decir basta, necesita una mejor optimización. Gráficamente es precioso, sí, y el mundo es muy grande, pero es relativamente común toparse con efectos no deseados como popping, bajadas de frames y ralentizaciones que pueden llegar a afectar, muy ligeramente, a la jugabilidad. En algunas zonas se notará más que en otras, y no comprendemos esta optimización teniendo en cuenta que el videojuego se preparó para Wii U, una consola por debajo de Nintendo Switch en términos de potencia. Estamos seguros de que la máquina puede mover mucho mejor este videojuego y que la causa de estos problemas reside en la necesidad de lanzarlo con la salida de la plataforma.

Musicalmente hablando también tiene un nivel muy alto, pero por el carácter del juego la banda sonora es estrictamente ambiental. A pesar de su innegable calidad, nos toparemos con abundantes momentos de silencio y escucharemos en exceso algunas canciones. La cantidad de piezas totales es enorme, pero algunas se parecen mucho entre sí y pasan desapercibidas en ocasiones. Se han echado en falta más canciones memorables a la altura de las que pudimos oír en anteriores juegos de la serie. Comprendemos que por el carácter del título esta banda sonora es adecuada, pero hay momentos clave, batallas y situaciones que habrían funcionado mucho mejor con música potente, aunque habláramos de reediciones de melodías clásicas de la serie, elemento que en ocasiones se utiliza para simplemente ambientar.

El doblaje al castellano también tiene algunos elementos que se deberían mejorar. La pronunciación de los actores a veces suena sobreactuada y palabras como “Hyrule” se dicen tal y como se leerían en castellano, hecho que provocará una mueca de desagrado entre los fans. Es inevitable acordarse del paupérrimo doblaje que recibió Smash Bros. for Wii U y Brawl a la hora de hablar del presentador. Sí, tal y como cuando oímos “Ike” y “Rey Dedede”… “de metal”.

Aún con todo, esos detalles menores no empañan la experiencia, no solo porque el doblaje puede cambiarse a cualquier otro idioma manteniendo los subtítulos en castellano, sino porque hablamos de un videojuego muy cuidado y hecho con mimo. Podemos jugarlo durante cientas de horas y siempre habrá algún aliciente para seguir explorando Hyrule junto a Link. Breath of the Wild es un derroche de originalidad y genialidad en una saga que se estaba quedando algo estancada y que prefería centrarse en el “más grande y mejor” tan clásico de Nintendo. Uno de los imprescindibles de 2017, sin duda.

La versión analizada es la de Nintendo Switch.

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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Ramón Oliver hace 1 semana, 1 día.

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