Casi 20 años han pasado desde que Ikaruga llegó a máquinas recreativas y luego a Sega Dreamcast y Nintendo GameCube. Ahora, regresa a Nintendo Switch (y a PlayStation 4 el 29 de junio) en formato digital. No solo no ha envejecido en absoluto, sino que se siente como un videojuego desarrollado este mismo año. Por motivo de su relanzamiento, este es el análisis que Bitjuegos le dedica a uno de los títulos de mayor calidad que jamás se han creado del género bullet hell.

Estás solo/a, a los mandos de tu nave, enfrentándote a un ejército de enemigos. Con una precisión milimétrica alcanzada gracias a tu habilidad, consigues esquivar un infierno de balas mientras te abres paso hasta su poderoso líder. Y entonces, ocurre: donde no decenas, sino cientos o incluso miles perecieron, tú logras avanzar y consigues derribar a todas las naves enemigas. Finalmente, tras un esfuerzo titánico, ves explotar ante tus ojos esa legendaria máquina de guerra que tu fiel vehículo y tú habéis derrotado gracias a tu inigualable pericia.

Estos sentimientos, tan asociados a los bullet hell (popularmente llamados “matamarcianos” o simplemente “juegos de naves”) se están perdiendo. Es un género que a pesar de que en el pasado tuvo una gran popularidad (sobre todo en los salones recreativos) no logró encontrar su sitio entre los jugadores modernos. Estos shooters en dos dimensiones eran conocidos por su dificultad y su corta duración, cosa que los hacía ideales para las máquinas arcade. Poco a poco, debido a que los usuarios preferían quedarse en sus casas y la industria de los videojuegos se fue masificando, un género con una jugabilidad tan arcade y que por definición es tan difícil no ha logrado encontrar su lugar en el panorama actual.

Ikaruga es uno de esos títulos, una obra maestra de Hiroshi Iuchi y sus compañeros de Treasure que salió cuando este género ya estaba en decadencia. Hoy en día pocas sagas de videojuegos bullet hell (salvo Tohou en Japón) gozan de popularidad, y de hecho ni siquiera los estudios independientes más valientes se atreven con este estilo de juegos, salvo alguna que otra excepción.

Por desgracia, Ikaruga recibió unas ventas terribles cuando salió en Nintendo GameCube, allá por 2003 (la versión de Dreamcast y la original arcade se quedaron en Japón). Sin embargo, unos pocos fans supieron reconocer su calidad y todavía siguen jugándolo hoy debido a su mecánica única de doble polaridad, que lo convierte no solo en uno de los títulos del género más difíciles, sino con mayor potencial rejugable gracias a su sistema de puntuaciones en cadena.

Aunque este ideal sea elevado, nunca me doy por vencido

En una pequeña isla, Tenro Horai descubrió el Ubusunagami Okinokai (el poder de los dioses). Esta energía le otorgó unos enormes poderes, por lo que Tenro y sus seguidores, alentados por esa fuerza divina, comenzaron a conquistar todos los países del mundo “en nombre de la paz”. Este opresivo régimen fue desafiado por la federación Tenkaku, pero sus esfuerzos fueron en vano: sus aviones, los Hitekkai, no fueron rivales para los Horai. El grupo fue exterminado por completo, a excepción de un joven que sobrevivió, cuyo nombre era Shinra.

La nave de este piloto fue derribada cerca de un remoto y pequeño pueblo llamado Ikaruga habitado por los ancianos desterrados por las conquistas de Horai. Tras recuperarse, Shinra prometió vengarse de los Horai y derrotarles. Los aldeanos le confiaron un avión de combate especial construido por ellos, el Ikaruga: esta nave no es una máquina ordinaria, ya que el genio ingeniero Amanai la diseñó con la ayuda de Kazamori y los líderes del pueblo, siendo el primer avión de combate que integra ambas polaridades de energía y el único del mundo capaz de cambiar correctamente entre ellas de manera rápida y eficaz.

En el modo para dos jugadores, Shinra contará con la ayuda de Kagari, una mercenaria de Horai que, tras ser vencida por Shinra, decidió unirse a la resistencia cuando el talentoso piloto le perdonó la vida. Ella viaja en el Ginkei, el segundo prototipo del Ikaruga.

Y no, no es necesario saber algo esta historia para disfrutar del título. Al igual que tampoco hace falta conocer su trasfondo filosófico y religioso: Ikaruga es un videojuego de naves bullet hell fuertemente influenciado por el budismo. Aquel que conozca dicha religión asiática encontrará múltiples referencias no solo en nombres, sino en kanjis, diseños e incluso en la estructura de juego. La propia historia, a pesar de ser aparentemente simple, es más compleja de lo que parece y se cuenta mientras jugamos.

Ikaruga cuenta con varias fases, todas ellas muy distintas entre sí, en las que tendremos que avanzar derrotando a cientos de enemigos, como en cualquier bullet hell que se precie. El diseño de niveles es magnífico, de lo mejor que se ha visto en el género, y el control de la máquina es perfecto. A diferencia de otros matamarcianos, en Ikaruga hay dos tipos de balas enemigas: las blancas y las negras. Es importante remarcar que en cualquier momento podemos cambiar de polaridad, y si lo hacemos, seremos inmunes a los ataques enemigos del mismo color.

Eso lo hace más fácil, ¿verdad? Pues no: Aparte de la clásica necesidad de esquivar las balas enemigas, tendremos que saber cambiar de polaridad a tiempo para evitar ataques que no podremos rechazar con un simple movimiento. Por esta razón, Ikaruga es uno de los videojuegos más difíciles de un género que ya de por sí es complicado y exigente. Los reflejos y la visión de conjunto que nos exige están en el límite del ser humano, hecho que lo convierte en un título muy poco amigable para los jugadores novatos.

Por lo tanto, nunca muero con remordimientos

Aún con todo, esa dificultad de Ikaruga lo hace un videojuego muy retante y fascinante para los jugadores habituales. Ninguna muerte será injusta: si fallamos, siempre será por culpa nuestra. O no fuimos lo suficientemente rápidos o hábiles o directamente no estuvimos tan atentos como se nos exigía. Y moriremos una y otra vez antes de poder ser capaces de terminar el juego, una auténtica odisea solo al alcance de unos pocos.

¿Y vale la pena dedicarle todo ese esfuerzo a Ikaruga? Sin duda. Aparte de que goza de grandes virtudes en lo jugable, esta obra es una auténtica preciosidad. La magnífica banda sonora del título, compuesta por su director, Hiroshi Iuchi, no solo es increíblemente épica, sino que está perfectamente coreografiada con la acción. Es una música fantástica que nos traslada a la acción desenfrenada de Ikaruga, aunque quizá se habrían agradecido unas cuantas canciones más para los jefes finales (a pesar de que las que ya hay son estupendas).

Gráficamente, a pesar de tener casi 20 años, no ha envejecido en absoluto. Cumple a la perfección las exigencias del género, y lo cierto es que por su interfaz y estilo artístico tan personal no ha pasado el tiempo. Nunca podremos achacarle una muerte a un problema del apartado gráfico, ya que todo se puede observar de un vistazo y está perfectamente calculado para evitar esas situaciones. Además, el juego nos permite la posibilidad de girar la acción para que Ikaruga esté en vertical, como en la pantalla arcade original (aunque eso sí, será mejor que dispongamos de algún método para girar nuestro televisor…).

El juego nos invita a que nos piquemos con las puntuaciones mundiales e intentemos mejorar nuestras marcas una y otra vez. Y es que cuando, tras mucho esfuerzo, logremos terminarlo, nos daremos cuenta del auténtico potencial que tiene el sistema de puntuación del juego: para obtener combos, debemos vencer a tres enemigos seguidos de la misma polaridad. De esta manera, podemos seguir combinando puntos hasta alcanzar límites ridículos. Y, dependiendo del nivel de dificultad, las naves enemigas devolverán fuego de su polaridad al ser destruidas. ¿Te dará tiempo a cambiar de color antes de recibir esas balas y evitar que se mezclen con las predeterminadas del nivel?

El juego cuenta con cinco dificilísimos niveles. Por ello, es perfectamente posible ver los créditos de Ikaruga en menos de media hora. Sin embargo, ¿vas a poder hacerlo solo con tres vidas? ¿No? Bueno, por suerte, Ikaruga nos permite cambiar el número de continues a placer (e incluso podemos hacer que sean ilimitados) para que todo el mundo pueda ver su final y disfrutarlo, aunque de esa forma pierda gran parte de su magia. Eso sí, olvídate de registrar tus puntuaciones si decides optar por esta opción. Y de aprovechar su enorme potencial rejugable.

¡Ah! El juego cuenta con un fantástico multijugador cooperativo que nos permite disfrutar Ikaruga en compañía de otra persona. Y no, no es un simple “como jugar solo pero con alguien al lado”: tendremos que adaptarnos para hacer combinaciones y evitar la devolución de balas de una misma polaridad, que con dos personas puede ser mortal.

Por otro lado, si optáis por la edición de Nintendo Switch (la de PlayStation 4 llegará el 29 de junio), que sepáis que la posibilidad de girar la pantalla y ponerla en vertical es tan fácil de aprovechar como sacar la consola del dock y apoyarla en modo portátil. Los que no tenemos un televisor reversible lo agradecemos.

La versión analizada es la de Nintendo Switch.

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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Ramón Oliver hace 3 semanas, 6 días.

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